Todos sabemos que el dominio de la enfermedad está invadido por la emoción y por el miedo. Nuestra fragilidad emocional ante la enfermedad se asienta en la ingenua creencia de que somos invulnerables. Cuando se nos presenta una enfermedad, esta creencia se hace añicos, se destruye la seguridad de nuestro universo privado y súbitamente nos volvemos débiles, desamparados e indefensos. Un cuento es como decir: “Mira, hay otro que encontró esta salida, ¿por qué no la pruebas tú?”
martes, 14 de agosto de 2018
miércoles, 8 de agosto de 2018
lunes, 4 de junio de 2018
La vida es presencia
Un
hombre se acercó a un sabio anciano y le dijo:
-
Me
han dicho que tú eres sabio...Por favor, dime ¿qué cosas puede hacer un sabio
que no esté al alcance de las demás personas?
El
anciano le contestó:
-
Cuando
como, simplemente como; duermo cuando estoy durmiendo y cuando hablo contigo,
sólo hablo contigo.
-
¡Pero
eso también lo puedo hacer yo y no por eso soy sabio!, le contestó el hombre
sorprendido.
-
Yo
no lo creo así, le replicó el sabio. Pues cuando duermes recuerdas los
problemas que tuviste durante el día o imaginas los que podrás tener al
levantarte. Cuando comes estás planeando lo que vas a hacer más tarde. Y
mientras hablas conmigo piensas en qué vas a preguntarme o cómo vas a
responderme, antes de que yo termine de hablar. El secreto es estar consciente
de lo que hacemos en el momento presente y así disfrutar cada minuto del
milagro de la vida.
Reflexión:
Como
apuntaba el sabio, puedes estar convencido de que tú vives el día a día, pero
una mirada más profunda puede delatarte. Observa cómo es relativamente fácil
sorprenderte a ti mismo alejándote del momento presente. El ritmo vertiginoso
te empuja a tener que realizar muchas acciones y sin darte cuenta acabas
llevando a cabo diversas tareas la vez. Puedes que ni siquiera te hayas dado
cuenta, así que esté podría ser un buen momento para centrarte en el aquí
y el ahora.
Parece
mentira, pero sólo existe el momento presente, el instante presente, o mejor,
nuestra conciencia de la existencia en ese instante tan breve que ni tan si
quiera es cuantificable, porque cuando nos percatamos de él, ya ha pasado.
Diría
que el aquí y el ahora es la presencia que se hace consciente de sí.
Simplemente, nuestra conciencia del Ser. Nos identificamos con lo que creemos
ser, pero no somos nuestro nombre ya que eso solo sería como una etiqueta, ni
nuestro cuerpo, que aunque no queramos, esté cambia continuamente; ni tan
siquiera somos las ideas que nuestro pensamiento crea sobre nosotros mismo,
ideas que a veces nos hace sentir tan volubles como una pluma al viento. Podría
decir que somos, simplemente, presencia, consciencia. La presencia que se da
cuenta de que uno piensa, siente, vive, es. Esa presencia tan pura y tan
simple, tan desnuda y esencial, tan obvia, que la acabamos por obviar, por
olvidar.
La
vida y todas sus posibilidades se encuentran concentradas en toda su potencia
en el presente, aquí y ahora y se crean desde ese centro, desde ese Yo Soy.
Se
le preguntó al sabio anciano:
-
¿Cuál
ha sido el día más especial de su vida? ¿Y quién fue la persona más importante?
-
El
día más especial de mi vida es HOY- respondió-. Y la persona más importante es
con la que ahora estoy hablando.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
lunes, 6 de noviembre de 2017
La bellota y el monje
Paseaban
el maestro y el aprendiz por el bosque y de pronto el maestro le dijo al
alumno: “¿ves esa bellota? Cógela”. El alumno la cogió, y ambos siguieron andando.
De pronto se encontraron con un arbolito pequeñito y el maestro le dijo al
alumno: “¿ves ese arbolito? Trata de arrancarlo”. El alumno tras mucho esfuerzo
al fin lo logró. Siguieron andando y se toparon de frente con un inmenso roble
grande y frondoso, con tronco grueso y raíces profundas. El maestro le dijo al
alumno: “¿Ves ese roble? Arráncalo”. El alumno miró al maestro extrañado y le
dijo: “maestro si con el arbolito casi no pude, ¿cómo voy a poder arrancar este
roble?”. El maestro contestó: “tus hábitos son como ese roble, cuando están muy
profundamente arraigados es prácticamente imposible cambiarlos. Todo empieza
con esa diminuta bellota que llevas en las manos. Si identificas que es
negativo al principio es fácilmente remplazable. Si lo dejas por mucho tiempo,
te pasará como con el arbolito, costará, pero con esfuerzo lo lograrás. Si dejas
que tus hábitos negativos se instalen en tu vida demasiado tiempo, se
convertirán en un enorme roble imposible de arrancar”.
Reflexión:
Empezamos
a saber que percibimos la realidad a través de un filtro que son nuestras
creencias. No vemos con los ojos, vemos con nuestro cerebro. Los ojos captan la
información, el cerebro la procesa y emite un juicio. Le da un significado. El
cerebro procesa en función de sus creencias, condicionamientos (lo que hemos
oído, visto y nuestras propias experiencias), presuposiciones, cultura, etc.
Muchas
personas tienden a pensar que sus creencias son universalmente ciertas y
esperan que los demás las compartan. No se dan cuenta que el sistema de
creencias y valores es algo exclusivamente personal y en muchos casos muy
diferentes del de los demás. Nosotros no vivimos la realidad en sí, sino una
elaboración mental de la misma. Lo que hace que la vida sea un constante
manantial de esperanza y ricas alternativas o una inevitable fuente de
sufrimiento.
Cuando
una creencia se instala en nosotros de forma sólida y consistente (cómo el
roble), nuestra mente elimina o no tiene en cuenta las experiencias que nos
casan con ella. Por eso se dice que, “No vemos las cosas tal cual son, las
vemos tal cual somos”.
Es
bien sabido que, si alguien realmente cree que puede hacer algo, lo hará y si
cree que es imposible hacerlo, ningún esfuerzo por grande que éste sea logrará
convencerlo de que se pueda realizar. Todos tenemos creencias que nos sirven
como recursos y también creencias que nos limitan. Sería bueno pasar a integrar
la “duda” en nuestras vidas. Nos podríamos plantear varias suposiciones: “¿Y por
qué tiene que ser así? ¿O porque yo no voy a poder? Abrirnos a otras
posibilidades sería lo más adaptativo, pero para ello tendremos que empezar a
aprender a “dudar”, pero no del “otro” sino de nosotros mismos.
“No
podemos no tener creencias”, diríamos que es una necesidad del ser humano.
Podríamos decir que “una creencia no es solamente una idea que la mente posee,
sino una idea que posee a la mente”. Muchas personas tienen una idea de lo que
es correcto pero muy pocas se cuestionan si esa idea es correcta.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
lunes, 2 de octubre de 2017
Las piedras del camino
Hu-Ssong, propuso a sus discípulos el siguiente relato:
"Un hombre iba por un camino y tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con las que iba tropezando las fue cargando, hasta que aquel peso se volvió tan insoportable que el hombre ya no pudo caminar"
- ¿Qué piensan ustedes de este hombre?, les preguntó el maestro.
- "Qué es un necio", respondió uno de los discípulos. "¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"
Dijo Hu-Ssong:
- "Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro".
Reflexión:
Algunas personas van por la vida mostrando el tamaño y la forma de las piedras que les ha tocado cargar sobre sus espaldas y hay otros que aunque nunca se quejan, en sus miradas reflejan el peso que llevan encima. Esta es una forma de ir por la vida que nos suena conocida, cargar con todos los problemas que se nos presentan en la vida como si lleváramos un estigma y temiendo por las piedras que nos encontraremos, y de esta forma vamos llenando nuestra mochila, sin ser consciente del que peso que hemos decidido cargar.
Sería bueno darnos cuenta que no sirve de nada seguir cargando con el peso de nuestro pasado pues lo único que conseguimos con ello es no lograr avanzar y no nos damos cuenta de que al llevar toda esa carga, nos impide disfrutar de nuestro presente y de lo que la vida nos tenga preparado.
Cuando estamos atravesando un camino duro, angosto, lo primero que solemos hacer es quejarnos, maldecir a la vida y maldecirnos a nosotros mismos de nuestra mala suerte por no haber cogido el camino adecuado, o porque no nos merecemos esto que nos está pasando. No vemos que con esta actitud estamos continuamente rechazando o despreciando nuestra vida, porque está no viene como uno esperaba o desearía.
Que difícil nos resulta aceptar, aceptar que las cosas son como son y no como uno querría que fueran. Aceptar no es fácil pero vivir como vivimos tampoco ayuda mucho. Hace poco escuche una frase que decía: "La vida tiene sentido propio, lo que no tiene sentido es la forma en la que la vivimos". Es en esos momentos cuando más compasivos debemos ser con nosotros mismos. No podemos evitar que la vida nos venga con dolor, tristeza, decepción, amargura,...,porque todo esto forma parte de la vida. Introducir la "amabilidad" hacia nosotros es algo que podríamos aprender a hacer. No somos conscientes de los mensajes que continuamente nos estamos dando, ¿cual es el diálogo que mantenemos con nosotros mismos?, rara vez nos hablamos en positivo, sin darnos cuenta del flaco favor que nos estamos haciendo. No olvides ser amable contigo, sobre todo cuando no estés pasando por un buen momento.
"Un hombre iba por un camino y tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con las que iba tropezando las fue cargando, hasta que aquel peso se volvió tan insoportable que el hombre ya no pudo caminar"
- ¿Qué piensan ustedes de este hombre?, les preguntó el maestro.
- "Qué es un necio", respondió uno de los discípulos. "¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?"
Dijo Hu-Ssong:
- "Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro".
Reflexión:
Algunas personas van por la vida mostrando el tamaño y la forma de las piedras que les ha tocado cargar sobre sus espaldas y hay otros que aunque nunca se quejan, en sus miradas reflejan el peso que llevan encima. Esta es una forma de ir por la vida que nos suena conocida, cargar con todos los problemas que se nos presentan en la vida como si lleváramos un estigma y temiendo por las piedras que nos encontraremos, y de esta forma vamos llenando nuestra mochila, sin ser consciente del que peso que hemos decidido cargar.
Sería bueno darnos cuenta que no sirve de nada seguir cargando con el peso de nuestro pasado pues lo único que conseguimos con ello es no lograr avanzar y no nos damos cuenta de que al llevar toda esa carga, nos impide disfrutar de nuestro presente y de lo que la vida nos tenga preparado.
Cuando estamos atravesando un camino duro, angosto, lo primero que solemos hacer es quejarnos, maldecir a la vida y maldecirnos a nosotros mismos de nuestra mala suerte por no haber cogido el camino adecuado, o porque no nos merecemos esto que nos está pasando. No vemos que con esta actitud estamos continuamente rechazando o despreciando nuestra vida, porque está no viene como uno esperaba o desearía.
Que difícil nos resulta aceptar, aceptar que las cosas son como son y no como uno querría que fueran. Aceptar no es fácil pero vivir como vivimos tampoco ayuda mucho. Hace poco escuche una frase que decía: "La vida tiene sentido propio, lo que no tiene sentido es la forma en la que la vivimos". Es en esos momentos cuando más compasivos debemos ser con nosotros mismos. No podemos evitar que la vida nos venga con dolor, tristeza, decepción, amargura,...,porque todo esto forma parte de la vida. Introducir la "amabilidad" hacia nosotros es algo que podríamos aprender a hacer. No somos conscientes de los mensajes que continuamente nos estamos dando, ¿cual es el diálogo que mantenemos con nosotros mismos?, rara vez nos hablamos en positivo, sin darnos cuenta del flaco favor que nos estamos haciendo. No olvides ser amable contigo, sobre todo cuando no estés pasando por un buen momento.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
martes, 4 de julio de 2017
La metáfora de la Langosta
Cuando
una langosta sale del mar y se queda entre las rocas, no tiene el instinto ni
la energía suficiente para ir de vuelta al mar. La langosta espera que una ola
venga hacia ella y la devuelva al agua, y si no viene, se queda dónde está y se
muere.
La
langosta se queda inmóvil, expectante, solo espera que la ola la lleve de
regreso a su hábitat sin saber, ni plantearse que con un pequeño impulso podría
alcanzar su objetivo.
Podríamos
decir que el mundo está lleno de “humanos langostas”. Personas que vararon en
las rocas de la indecisión, de la desidia, y que, en vez de avanzar con su
propia energía, están esperando una gran ola, que haga que su suerte cambie y
los devuelvan al mar.
Extraído de la poesía del Dr. Orison Swett Marden
Extraído de la poesía del Dr. Orison Swett Marden
Reflexión
Todos
buscamos el mismo propósito, ser felices, estar libres de sufrimiento y estar
en paz, como nos encaminemos a alcanzar estos propósitos depende de cada uno de
nosotros.
No
nos damos cuenta de que somos responsables de dónde decidimos poner nuestra
atención. Si ponemos nuestra atención en el futuro, esté vendrá repleto de
incertidumbres, nos invadirá el miedo, nos veremos incapaces de resolver los
obstáculos que imaginemos que la vida nos pondrá, todo esto nos va a generar
ansiedad. La ansiedad es un estado de inquietud en el cual sufrimos en el
presente por algo que ni siquiera sabemos con certeza que se va a manifestar en
el futuro. Si ponemos nuestra atención en el pasado, nos sumirá en una tristeza
porque creeremos que no nos debió de pasar tal o cual cosa. En el momento en el
que nos abrimos a aceptar algo, nos estamos abriendo a considerar que puede
haber una oportunidad oculta en esa situación que nos está tocando vivir y de
esta manera buscar el otro lado de la moneda. El potencial que cada uno de
nosotros tiene solo se nos revela cuando estamos fuera de nuestra zona de
confort y nos encontramos frente a lo desconocido.
Nuestra
vida no es una teoría ni una técnica, ni una opinión es pura conciencia, pura
experiencia, la vida solo se puede aprender viviéndola. Pensamos y creemos que
la vida pasa para “afuera” y la vida para para “adentro”.
La
frase “en la vida no hay amigos, ni enemigos, sino maestros” nos podría invitar
a pensar que a veces las personas que no nos agradan son las que tienden a
enseñarnos acerca de nosotros mismos. Y aquellas en las que vemos algo que nos
gusta, también nos está hablando de nosotros. La vida nos trae lecciones para
que podamos desarrollar nuestro verdadero potencial y poder llegar a nuestra
verdadera esencia sobre nosotros mismos.
Hace
poco escuche una cita que decía, “Esperar
que la vida te trate bien por ser una buena persona, es como esperar que un
tigre no te ataque por ser vegetariano”.
Recuerda,
“No esperes a tenerlo todo para disfrutar de la vida ya tienes la vida para
disfrutarlo todo”.
Montse
Parejo
Psico-Oncóloga
miércoles, 31 de mayo de 2017
Todo es aprendizaje
Se
cuenta que dos jóvenes monjes de un monasterio tibetano fueron encargados, por
su maestro, de comprar los comestibles del mes en un pueblo lejano. Ambos
viajaron hasta allí con los ahorros que le habían dado, realizaron la compra e
iniciaron el regreso.
Ya
con los víveres y de vuelta al monasterio, hallaron un hombre viejo sentado al
lado del camino que les interpeló:
- ¿Cómo seguís este camino? ¿Es que no sabéis
que está lleno de bandidos que os van a atracar? Si cogéis el sendero de la
derecha viajaréis más seguros y mejor.
Así
lo hicieron los jóvenes. Sin embargo, fueron asaltados y perdieron todos los
víveres. Al llegar desolados al monasterio, el maestro hizo pasar al primer
monje a su aposento y le interrogó:
- - Dime, ¿Qué has aprendido de lo que os ha
ocurrido?
- - Maestro, he aprendido, que no debo confiar en
desconocidos, dijo el joven monje.
A
continuación, hizo pasar al segundo monje y le hizo la misma pregunta:
- - Dime, ¿Qué has aprendido de lo que os ha
ocurrido?
- - He aprendido a esperar lo inesperado.
A
la mañana siguiente el primer monje salió del monasterio para no volver. El
segundo se quedó: había realizado el aprendizaje correcto.
Reflexión:
Nos cuesta entender y aceptar que no podemos controlarlo todo,. Nunca actúas sobre lo que sucede sino sobre tu interpretación de lo que sucede. Como construyas dicha interpretación es vital, porque determina tanto tu experiencia como tu comportamiento.
Hay una cosa que olvidamos a menudo y es que estamos aprendiendo, quizás sería bueno tomarnos la vida como un aprendizaje, abrirnos a sentir que todo lo que nos pasa, es para algo, podríamos dejar de juzgar la vida, etiquetándola de "buena" o "mala", de esta forma nos permitiríamos vivir lo que puede aportarnos dichas experiencias.
Quizás eso que te irrita te está enseñando sobre la paciencia. Aquellos que te abandonan t están enseñando a valerte por ti mismo. Eso que te enoja te está enseñando sobre la compasión y el perdón. Todo eso que odias te está enseñando sobre el amor incondicional. Eso a lo que temes te está enseñando sobre el coraje y sobre como superar tus miedos. Todo aquello que no puedes controlar te está enseñando a aprender a soltar.
Decididamente nada ocurre sin un motivo, todo lo que nos ocurre trae una lección para enseñarnos algo.
El sufrimiento estará muy presente sino aprendemos a vivir la vida de otra manera, no podemos evitar el dolor, ni la pena, ni cualquier otro sentimiento, pero si podemos vivirlo sin sufrimiento. Tal y como dice el maestro Osho, sufrimos por: "Querer controlarlo todo, por desear que las cosas sean como tú quieres, por aferrarse a lo que no puede ser, por desear que el pasado sea diferente, por querer que otros sean como tú quieres que sean, por no aceptarse tal y como eres en cada momento. En resumen, por vivir en tu mente y perderte de lo único que tenemos, del presente".
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
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