viernes, 5 de noviembre de 2010

El valor de la vida

Un hombre de 78 años, bajo de estatura, muy bien vestido, quien cuidaba mucho de su apariencia, se está mudando hoy, a una residencia de ancianos.
Su esposa de 64 años murió recientemente y él se vio obligado a dejar su hogar. Después de esperar varias horas en la recepción, gentilmente sonríe cuando le dicen que su cuarto está listo.
Conforme camina lentamente al ascensor, usando su bastón, yo le voy describiendo su cuarto, incluyendo la hoja de papel que sirve como cortina en la ventana “Me gusta mucho”, dijo con el entusiasmo de un niño de 8 años que ha recibido una nueva mascota.
-  Señor, usted no ha visto su cuarto, espere un momento, ya casi llegamos.
- “Eso no tiene nada que ver”, contesta.
-  “La felicidad yo la elijo por adelantado. Si me gusta o no el cuarto no depende del mobiliario o la decoración, sino de cómo yo decido verlo”.
-  “Ya está decidido en mi mente, que me gusta mi cuarto. Es una decisión que tomo cada mañana cuando me levanto”.
“Yo puedo escoger: Puedo pasar mi día en la cama enumerando todas las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan bien, o puedo levantarme y dar gracias a Dios por aquellas partes que todavía trabajan bien”.
“Cada día es un regalo, y  mientras yo pueda abrir mis ojos, me enfocaré en el nuevo día y en todos los recuerdos felices que he construido durante mi vida”.
“El valor de las cosas no está en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”.

Reflexión:
Argumentos para el pesimismo, el cinismo o la resignación han sido, son y serán siempre abundantes. Pero ¿qué nos quedaría entonces si decidiéramos vivir desde la apatía o desde el cinismo? Nada, probablemente, nada más que el mal humor, la tristeza, la angustia o la depresión.
Hoy sabemos que la buena parte de las depresiones que afectan al ser humano están causadas no tanto por lo que nos ocurre, sino por lo que nos decimos un día tras otro, en nuestro monólogo interior. Si nuestros pensamientos están cargados de pesimismo, desesperanza, si no dejamos de criticarnos continuamente, a nosotros mismos y a los demás, si sólo vemos los defectos, las carencias o los errores y nos vestimos de víctimas, nos sentiremos inevitablemente desgraciados.
Las actitudes que tomamos en cada instante condicionan y crean nuestro futuro, y son una herramienta poderosísima de la que a menudo no somos conscientes, ya que en las actitudes que adoptemos reside el signo y el significado final que tendrá nuestra vida.
“Cuando mi sufrimiento se incrementó, pronto me di cuenta de que había dos maneras con las que podía responder a la situación: reaccionar con amargura o transformar el sufrimiento en una fuerza creativa”. Cita de Martín Luther King.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

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