jueves, 23 de julio de 2015

El vaso de agua

En una sesión grupal, la psicóloga en un momento dado levantó un vaso de agua.
Cuando todos esperaban oír la pregunta: "¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?" , ella en lugar de ésto preguntó:
- ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas de los componentes del grupo variaron entre 200 y 250 gramos.
Pero la psicóloga respondió:
- El peso absoluto no es importante, sino el percibido, porque dependerá de cuánto tiempo sostengo el vaso: Si lo sostengo durante 1 minuto, no es problema. Si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.
El vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.
Después continuó diciendo:
- Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas en ellas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada.
¡Acuérdate de soltar el vaso!

Reflexión:
A veces las preocupaciones se enquistan en nuestros pensamientos y no nos dejan centrarnos en las soluciones,ya que nos lleva hacia lo que no podemos hacer en lugar de enfocarnos hacia lo que sí podemos hacer. Las preocupaciones, no dejan de ser miedos.
Preocuparnos en exceso y anclarnos en pensar en los problemas nos agota, absorbe nuestras energías y nos quita fuerzas para actuar, y para movilizarnos hacia soluciones. Está muy bien ser consciente de los problemas y tener presente las dificultades y los riesgos, pero llenar nuestra cabeza de preocupaciones durante mucho tiempo nos agota emocionalmente. ¿Sabéis soltar el vaso a tiempo?

Montse Parejo. Psico-Oncóloga

viernes, 29 de mayo de 2015

¿Qué es el cielo y qué es el infierno?

Esta es una historia japonesa que nos habla de un samurái, agresivo, fuerte, era un señor de la guerra, por unas conversaciones que había tenido con otros compañeros se había interesado por esas cuestiones del cielo y del infierno ¿qué es el cielo y qué es el infierno? no lo entendía muy bien.
Entonces uno de sus colegas le recomienda que fuera a ver aún ermitaño, a un monje que vivía en la montaña, que se suponía era un tipo muy sabio que le podría explicar esta diferencia entre el cielo y el infierno. Entonces nuestro samurái, encuentra la choza del ermitaño, patea la puerta y entra bruscamente y el monje estaba sentado en el suelo haciendo caligrafía, se para delante del monje y le dice:
 - A ver decirme, cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?
El monje seguía mirando el suelo, haciendo sus dibujos, sin hacerle caso alguno al guerrero.
- No me escuchaste, te estoy preguntando cual es la diferencia entre el cielo y el infierno.
Y el monje suspira y mueve la cabeza de un lado al otro y vuelve a su hacer.
- Estás sordo, contéstame cual es la diferencia?
- Te escuche pero no tiene sentido contestarte porque eres demasiado tonto para comprenderlo. 
- Yo tonto, saca la espada y dice, - Ahora vas a ver quién es el tonto. 
En ese momento, el monje mira hacia arriba, sonríe y dice “eso es el infierno”, en ese momento el samurái, se da cuenta de su vida y de cómo vivía irritado, irrespetuoso.
Y fue como un rayo le partiese la cabeza y en ese momento se dio cuenta de lo que era su vida y se le cae la espada de la mano y se queda horrorizado de que él vivía en el infierno pero inmediatamente siente una oleada de gratitud increíble, porque el monje para darle esa lección había expuesto su vida y él lo iba a matar.
Y una persona a la que ni conocía le había hecho un regalo de sabiduría impresionante y cae de rodilla y le dice: - Gracias, y el monje vuelve a lanzar una sonrisa y le dice: - “Eso es el cielo”.

Reflexión:
El cielo y el infierno no están después de la muerte, el cielo y el infierno es como uno vive.
Tú puedes construir tu vida y vivir en el cielo o puedes construir tu vida y vivir en el infierno.

En mi opinión, la mayoría de la gente hemos construido un infierno, cuando tenemos todo el material para construir nuestra vida en el cielo, pero para construir el cielo sobre la tierra hace falta vivir en LIBERTAD.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

martes, 7 de abril de 2015

Los pavos no vuelan

Un campesino encontró en el campo un huevo de un tamaño tan grande, que nunca había visto antes algo parecido, así que decidió llevárselo a su casa.
-¿Será de avestruz? Preguntó a su familia.
-No, no es demasiado grande, Dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos?, Propuso el hijo.
-Romperlo sería una lástima, porque entonces nunca sabremos a que ave pertenece, dijo el padre. 
-Así que finalmente decidieron colocarlo debajo de una pava que en ese momento estaba empollando.
Cuenta la historia que a los quince días nació entre los pavitos, el enigmático pichón, al principio nadie pudo reconocer a que variedad de ave pertenecía, lo único que era evidente es que era el más grande entre todos sus compañeros, su plumaje era mucho más oscuro y devoraba la comida que le ponían con mucha avidez.  
Una vez crecido, cuando llegó el tiempo de levantar el vuelo, miro a su madre y le dijo entusiasmado:
-Bueno, ha llegado la hora de volar, ¿me acompañas?
La pava sorprendida por la proposición, le explicó: -Mira, los pavos no vuelan. Tienes que tener cuidado y no comer tan apresurado, porque te sienta mal y después dices tonterías. 
El misterioso pichón, se quedó en silencio un poco confundido.
Pero el pichón cada vez que terminaba de comer, les decía a sus hermanos:
-¡Vamos, vamos a volar! Hasta que uno de los pavitos le explico: 
-Los pavos no volamos, solo podemos caminar, ese es nuestro destino, así lo decidió Dios cuando nos creo.
Haciendo caso a sus hermanos, nuestro misterioso amigo se dedicó todo el tiempo hacer todo lo que los demás hacían, caminar por un corral cercado, comer y dormir.
Pero un día el veterinario del pueblo pasó por la granja y el granjero, aprovechó la situación para pedirle que identificara a la misteriosa ave. En cuanto la vio pudo reconocer de inmediato que se trataba de un cóndor.
 Este ave había nacido para volar hasta los 7000 metros, pero, como nadie volaba... él nunca voló porque escucho más la opinión de su entorno, que lo que él mismo sentía en su interior.

Reflexión:
No atreverse, es perder una oportunidad. Lo que siempre se hizo…no tiene por qué seguir haciéndose.

Cada uno de nosotros puede tener grandes aptitudes, valores y como no, una gran creatividad; quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no a vivir. No olvides que cuando uno tiene que “morir” nadie lo va a hacer por ti, no permitas que para vivir tú vida, otros te digan como debes de vivirla.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

domingo, 21 de septiembre de 2014

Los japoneses

A los japoneses siempre les ha gustado comer el pescado fresco.
Durante décadas en  las aguas cercanas a Japón, la escasez de peces era notaria. Así, que para alimentar a la población japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes
para poder ir mar adentro.
Mientras más lejos iban los pescadores más era el tiempo que les tomaba regresar a entregar el pescado. Si el viaje tomaba
varios días, el pescado ya no estaba fresco.
Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros. Así, podían pescar y poner los pescados en los congeladores.
Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco, y no les gustaba el congelado, lo que hacía que lo tuvieran  que vender más barato.
Las compañías instalaron entonces en los barcos tanques para los peces. Podían así, pescar los peces, meterlos en los tanques
y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa.
Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos.
Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los peces dejan de moverse durante días, pierden el sabor fresco ...
-  Y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas?
- Y ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco?
Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?
(Mientras piensas en la solución.... Te invito a que leas lo que sigue):

Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar sus deudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, empieza a perder la pasión.
Ya no necesitará esforzarse tanto. Así, que solo se relaja.
Experimentan el mismo problema que las personas que ganan la lotería, o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran, o de quienes se quedan en casa y se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad.
Como el problema de los pescadores japoneses, la solución es sencilla.
Lo dijo L. Ron Hubbard (escritor estadounidense), a principios de los años 50:
“Las personas prosperan mas cuando hay desafíos en su medio ambiente"
Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentro de los tanques en los botes... pero ahora ponen también un Tiburón pequeño!
Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero que muy vivos.
¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, ¡para mantenerse vivos!

Reflexión:
Cuando alcances tus metas proponte otras mayores. Nunca debes crear el éxito para luego acostarte en él. Así, que, invita un tiburón a tu tanque, y descubre lo lejos que realmente puedes llegar. Unos cuantos tiburones te harán conocer tu potencial para seguir vivo y haciendo lo que mejor haces, de la mejor manera posible!

Esta es la realidad de la vida, nos conformamos con las cosas que nos pasa, nos acomodamos a nuestras maneras de vivir, pero siempre digo que cuando las cosas nos van bien, son momentos de descanso porque irremediablemnte nos pasan cosas, así que mantente alerta, despierto y lo más importante de todo, siéntete vivo, "las persona que tiene un porqué vivir no les importa el cómo".
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

viernes, 25 de julio de 2014

El loro que pide libertad

Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
-¡Libertad, libertad, libertad!
No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”.
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “!Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.
¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”

Reflexión:
Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.
No podemos olvidar que todos los cambios asustan, es importante que entiendas que el miedo es una emoción como cualquier otra, sólo que le otorgas una dimensión y un significado, en donde pasa a tener todo el poder sobre cualquier cosa novedosa que quieras realizar hoy, todos sabemos que el miedo paraliza. Debemos de aceptar que el miedo forma parte del camino que cada uno de nosotros tiene que recorrer para nuestro crecimiento y mejora, es la posibilidad que nos podemos brindar para modificar y cambiar aspectos que hasta hoy nos impidieron ser felices.

“La felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos sino cuando sabemos disfrutar con lo que tenemos”. No soñando en el mañana sino sabiendo disfrutar del HOY.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

sábado, 8 de marzo de 2014

La parte más importante del cuerpo

Un día mi madre me preguntó: "¿Cariño, cuál es la parte más importante del cuerpo?".  A través de los años he tratado de buscar la respuesta correcta.
Cuando era más joven, pensé que el sonido era muy importante para nosotros, por eso le dije: - “Mis oídos, mamá”. Ella dijo: - “No, muchas personas son sordas y se arreglan perfectamente. Pero sigue pensando, te preguntaré de nuevo.”
Pasaron varios años antes de que ella me lo preguntara de nuevo. Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta. Y es así que le dije: ”Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos”.
Ella me miró y me dijo: ”Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aún sin sus ojos”. Continué pensando… ¿cuál era la solución?
A través de los años, mi madre me preguntó un par de veces más, y ante mis respuestas la suya era: “No, pero estás poniéndote más inteligente con los años, pronto acertarás”.
Hace algunos años mi abuelo murió. Todos estábamos dolidos. Lloramos. Incluso mi padre lloró. Recuerdo esto sobre todo porque fue la segunda vez que lo vi llorar. Mi madre me miraba cuando fue el momento de dar el adiós final al abuelo. Entonces me preguntó: "¿No sabes todavía cuál es la parte más importante del cuerpo, hijo?”. Me asusté cuando me preguntó justo en ese momento. Yo siempre había creído que ese era un juego entre ella y yo. Pero ella vio la confusión en mi cara y me dijo: ”Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado te dije que estabas equivocado y te fui diciendo el por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo”.
Ella me miraba como sólo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas, y la abracé. Fue entonces cuando apoyada en mí, me dijo: ”Hijo, la parte del cuerpo más importante es tu hombro”.
Le pregunté: “¿Es porque sostiene mi cabeza?”
Y ella respondió: “No, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora. Todos necesitamos un hombro para llorar algún día en la vida, hijo mío. Yo sólo espero que tengas amor y amigos y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo.”


Reflexión
Muchas veces el ser humano tiene miedo de aflorar sus emociones por temor a no poder contenerlas, además lo solemos asociar a un síntoma de debilidad. Nuestra sociedad nos indica de muchas maneras que no es bueno llorar, que tenemos que ser “fuertes”, pero no debemos olvidar que llorar “desahoga” y esto es muy necesario para afrontar cualquier adversidad que nos toque lidiar, podemos elegir llorar solos o acompañados. Hay situaciones de la vida, en la que el simple hecho de “estar” al lado de la persona que sufre, es más importante que cualquier otra cosa en la vida, simplemente, “estando”.
Recuerda, “todos tropezamos, todos y cada uno de nosotros. Por eso es un consuelo ir de la mano de alguien”. (Emily Kimbrough)

Montse Parejo
Psico-Oncóloga

miércoles, 5 de febrero de 2014

El burro de Hakim

Hakim era un vendedor de sal en la antigua Bagdad. Cada día iba desde su casa al mercado con dos sacos de sal atados al lomo de su burro. Un día caluroso, al atravesar el Tigris, el burro tropezó y se hundió en el agua fresca del día. Cuando el burro salió del agua, Hakim notó que mucha sal se había disuelto y la carga, por tanto, era considerablemente más ligera para el burro. 
A partir de entonces, Hakim no podía evitar que el burro se zambullera en el mar diariamente y arruinar parte de la carga de sal. Esta situación cada día se hacía más insostenible porque los ingresos de Hakim eran cada vez menos. En definitiva, el burro que le servía de transporte le estaba arruinando el negocio.
Ante esta situación, Hakim comenzó a pensar de qué manera solucionar el problema: cambiar de medio de transporte no podía, porque no tenía dinero suficiente. También cabía la posibilidad de vender el burro, pero éste era un animal tan querido en la familia que su mujer e hijos no entenderían jamás su venta. Cambiar de tarea también era un problema porque sin bienes, qué iba a hacer. No tenía más animales, no tenía un huerto que cuidar…
Pensando y pensando, un día decidió hacer una prueba: cargó el burro como de costumbre y, como de costumbre, el animal se hundió en el agua. Pero esta vez, la carga no era sal sino sacos de arena. Cuando el burro intentó salir del agua, comprobó cómo la carga habitual pesaba mucho más que de costumbre. Desde entonces no volvió a zambullirse.

Reflexión:
En algunas situaciones difíciles, la solución no es deshacerte del factor que causa el problema. Esto supondría demasiados cambios. A veces, la solución es mucho más simple: basta con mover adecuadamente algunas piezas y utilizar el ingenio.
A menudo lo que nos hace sufrir no es un acontecimiento en sí, sino la opinión que tenemos del mismo. Podemos empeorar una situación complicada sólo con la actitud con que lidiamos con ella. Esto no significa que debamos siempre “pensar en positivo” ni ser optimistas frente a cualquier adversidad, pero si que debemos abrir nuestra mente para afrontar cualquier evento con serenidad.
Recuerda, podemos ser parte del problema o parte de la solución, tú eliges.

Montse Parejo. 
Psico-Oncóloga