miércoles, 16 de febrero de 2011

El cuento del poblado


Hasta la choza de un viejo maestro llegaron ancianos del Consejo de un antiguo pueblo. Venían a consultar al sabio sobre un problema que amenazaba a todos los que habitaban la vieja ciudadela junto al río. Desde hacía muchos años, y pese a todos los esfuerzos del Consejo, los habitantes de ese lugar habían empezado a pelearse, a hacerse daño. Se robaban unos a otros, se lastimaban entre sí, se odiaban y educaban a sus hijos para que el odio continuara perpetuándose.
Los ancianos del consejo le expusieron al sabio:
- Siempre hubo algunas personas que se apartaban de la senda, pero hace unos diez años comenzó a agravarse la situación y, desde entonces, ha empeorado mes tras mes.
A lo que el sabio les pregunto:- ¿Qué pasó hace diez años?
- Nada significativo. Por lo menos nada malo. Hace diez años terminamos de construir entre todos el puente sobre el río. Pero eso sólo trajo bienestar y progreso al pueblo.
El sabio asintió con la cabeza y sentándose en un raído sillón junto a la ventana empezó a decir, como para sí mismo:
- Por supuesto que no hay nada de malo en el bienestar….Y mucho menos en el progreso. Sin embargo…..
Los ancianos del consejo no se animaron a preguntar. Sólo se acercaron un poco para escuchar las palabras del sabio.
- El mal no está en el bienestar sino en comparar mi bienestar con el vecino. El mal no está en el progreso, pero sí en querer ser el que más ha progresado. No hay nada de malo en las cosas buenas para todos, pero sí en competir por ellas. Vuestro pueblo padece el mal de la sílaba central- sentenció el anciano.
- ¿La sílaba central?, ¿Cuál es ese devastador mal? ¿Cómo podríamos curarlo?
- Debéis ocuparos de enseñar a cada uno de los habitantes del pueblo que el verbo competir es un verbo que enferma, intoxica y mata. La solución es que todos aprendan a hacer un cambio de sílaba. Enseñarles que sólo con reemplazar en la palabra “competir” la sílaba central “per”, por la más que significativa sílaba “par”, crearemos una nueva palabra: “compartir”. Una vez que todos hayan aprendido el significado de este verbo, la competencia no tendrá sentido y, sin ella, el odio y el deseo de dañar a otros quedarán sepultados para siempre.
Todos deberíamos esforzarnos por cambiar la palabra “competir” por la palabra “compartir”. Es sólo una sílaba. Un cambio de sílaba para un cambio de vida. Se trata de un paso definitivo en el camino hacia la nueva felicidad que, a mí entender, sólo puede ser completa si estamos seguros de que también otros pueden sentirla.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

martes, 8 de febrero de 2011

Tristeza y Felicidad

Me gustaría compartir esta poesía de Carol Carolina, con ella descubriremos que estar tristes o alegres depende de la elección que hagamos y la poesía dice así:


La tristeza no es buena compañera
y desde hoy, vamos a tomar la decisión,
si la encontramos, hemos de cambiar de acera y,
sin volver la vista, ir en otra dirección.
La tristeza no es buena consejera,
nos obliga, en ocasiones, a mirar atrás y,
aunque, a veces, puede parecer sincera,
nos lleva a la depresión en un tris-tras.
La tristeza no es buena profesora,
pues sus lecciones nos enseñan a llorar, y así,
desperdiciamos nuestras horas,
derramando las penas sin cesar.

La felicidad… ¡esa sí que bien nos quiere y,
que poco nos atrevemos a tocar!
Ella sólo suaviza lo que nos hiere y,
nosotros no lo sabemos apreciar.
La felicidad, que muy bien nos aconseja que,
hay que levantarse y caminar,
que nos va deshilachando cada queja,
para que no se nos vuelvan a enredar.
La felicidad puede ser la gran maestra
que nos dé la más sabia de las lecciones:

“Que nunca hay que dejar la vista puesta
en asuntos que no tienen soluciones.
Que mirando siempre al frente, hacia delante,
vamos a descubrir mil cosas bellas”.
Y, como dijo aquel, de gran talante:
“No llores por no poder ver el Sol pues,
las lágrimas te impedirán ver las Estrellas”.
Reflexión:
La persona que vive en la alegría no necesariamente ha vivido una vida de rosas. La alegría interna no depende de los acontecimientos que nos han sucedido. Todos conocemos a personas que han vivido situaciones difíciles, que son alegres, y a otras que parecen tenerlo todo y, sin embargo, son tristes y desgraciadas.
La alegría es energía. Como la alegría es contagiosa, la persona que vive en la alegría genera alegría a su alrededor, es como un rayo de luz que ilumina la estancia en la que se encuentra.
Vivir en la alegría no es un don, es una elección. Se aprende y se descubre. No se trata de pintar la vida de rosa, pero tampoco de negro.
Si es tu vida la que no va bien, busca cuáles son las causas, modifica lo que puedas cambiar y acepta lo que no puedes cambiar.
Aunque quizá no lo creas, es más fácil estar mal que estar bien, dejarse llevar por los acontecimientos que decidir cómo actuar. Es más fácil quejarse, aburrirse o abatirse. Es más fácil bajar la montaña que subirla pero, siempre, la cima está allí arriba.
Cada cosa que hagas, hazla con toda tu concentración, con toda tu capacidad. Empieza el día con una sonrisa y hazte consciente de que es un nuevo día, de que estás plenamente vivo.
Si tenemos la virtud de ser flexibles y de adaptarnos a las circunstancias que nos acontecen, encontraremos la solución mejor a los conflictos. Como dijo el filósofo chino Lao Tsé “La flexibilidad es la vida, la rigidez es la muerte”.
“Cuando la vida te presente mil razones para llorar, demuéstrale que tienes mil y una razones por las cuales sonreír”.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

miércoles, 2 de febrero de 2011

Empuja la vaquita

Un sabio maestro paseaba por el bosque con su fiel discípulo, cuado vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita. Durante la caminata comentó al aprendiz sobre la importancia de conocer lugares y personas, y sobre las oportunidades de aprendizaje que nos brindan estas experiencias.
La casa era de madera y sus habitantes, una pareja y sus tres hijos, vestían ropas sucias y rasgadas, y estaban descalzos. El maestro se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia, y le dijo:
-     En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir?
El hombre respondió calmadamente:
-     Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Parte de la leche la vendemos o la cambiamos por otros alimentos en la ciudad vecina, y con la restante elaboramos queso, cuajada y otros productos para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información y contempló el lugar por un momento, antes de despedirse y partir. A mitad de camino le ordenó a su fiel discípulo:
-     ¡Busca la vaquita, llévala al precipicio y empújala!
El joven lo miró espantado y le replicó que ese animal era el medio de subsistencia de la familia. Como percibió el silencio absoluto del maestro, cumplió la orden: empujó a la vaquita al barranco, y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en su memoria.
Un día, el discípulo resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar para contarle la verdad a la familia y pedirle perdón. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba veía todo muy bonito, diferente de como lo recordaba. Se sintió triste, imaginando que aquella humilde familia había debido vender su terreno para sobrevivir. Aceleró el paso y, al llegar, fue recibido por un señor muy simpático, al cual le preguntó por las personas que vivían en ese lugar cuatro años atrás. El hombre le respondió que allí seguían.
Sobrecogido, el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que había visitado algunos años antes con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor, el dueño de la vaquita:
     - ¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
Emocionado, el hombre le respondió:
     - Nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos; así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora.

Reflexión:
Esta es la realidad de lo que se ha llamado zona de confort. Estamos tan conformes con el estado de cosas que nos rodea que no desarrollamos otras posibilidades. Sólo necesitamos un evento sorpresivo para darnos cuenta de que la seguridad puede ser nuestra peor consejera y de que nos impide ver el horizonte.
La mayoría de las personas vivimos nuestra vida conforme a una idea que hemos ido forjando en nuestro día a día. Todos tenemos sueños, proyectos e ilusiones que nos ayudan a imaginar cómo será nuestro futuro para encaminarnos hacia él, sintiendo bajo nuestros pies un presente seguro y firme. Sin embargo, a veces, la propia vida puede hacernos parar porque, de un modo u otro, no nos permite seguir el camino que trazamos en nuestros sueños. Cuando aparece una enfermedad, sentimos que la vida nos da un empujón para apartarnos de nuestro camino. De repente todo se transforma: “No sé si trabajaré de nuevo”, “No sé si podré hacer aquel viaje”….La enfermedad hace que ya nada sea igual. No obstante, no nos quedamos sin camino, sino que empezamos a caminar por un nuevo sendero, aunque se trata de un sendero que no hemos escogido y que no conocemos. En esta etapa pueden aparecer sentimientos de tristeza por lo que se puede perder, de miedo a sufrir y hacer sufrir a los demás, miedo al futuro, de rabia por lo perdido, sentimientos de soledad, miras alrededor y te sientes fuera de la vida cotidiana, diferente de los demás, esto ocurre porque la persona ha perdido su forma de vivir. Adaptarse a las nuevas situaciones no es fácil, ninguna situación nueva lo es, pero como decía Víctor Frankl autor del libro “El hombre en busca de sentido”, quien sobrevivió al holocausto nazi después de pasar largos años cautivo en varios campos de concentración, dijo que: “cuando no podamos cambiar la situación, tendremos que cambiar nosotros mismos”. A través de su testimonio y de sus palabras, Víctor Frankl nos enseña que nosotros tenemos el poder de decidir quién queremos ser ante las dificultades que nos encontramos en la vida: podemos elegir la rigidez y, por ende, la confrontación con el obstáculo, o bien decidir ser flexibles y adaptarnos sabiamente.
El objetivo es centrarse en el presente. Es muy importante centrar todas tus energías en la vida presente, entregándote por completo al día a día. No vale intentar o posponer, pensar que no puedes. Actúa ahora.
Por eso “no lleves nunca a cuestas más de un tipo de problemas a la vez. Hay quienes cargan con tres: los que tuvieron, los que ahora tienen y los que esperan tener”  Edward Everett Hale.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

lunes, 24 de enero de 2011

Tener fe en uno mismo

Vivimos en un mundo extraño. Algunas cosas son las mismas de siempre, es verdad, pero otras han cambiado y son hoy muy diferentes.
Estoy convencida de que todo empieza cuando nos volvemos capaces de descubrir las cosas buenas que tenemos. Me dirás que con sólo eso no llegas a ningún lado. Y yo te diré que, sin eso, no empiezas ni a empezar. Ningún camino comienza si no se da el primer paso y, en este caso, es descubrir algo valioso en ti. Encontrar algo de lo que puedas presumir, aunque sea un poco, aunque sea entre amigos, aunque sea en voz baja al principio.
¿Qué me dices? ¿Qué no tienes nada bueno? ¿Qué no hay nada en ti que sea valioso?
Déjame que te cuente un cuento:
Un hombre lloraba sentado en el liso suelo de una plaza:
- No tengo nada. Estoy en la ruina. Soy el más pobre y desposeído de todo
el pueblo.
- ¿Te gustaría tener algo de dinero?- preguntó un desconocido al
escucharlo.
- ¿Lo ves? Hasta me ofreces limosna… ¡Qué terrible es mi situación!
- No te ofrezco limosna. Quiero comprarte algo- dijo el hombre.
- ¿No te das cuenta de que no tengo nada? ¿No lo entiendes? ¿No me ves
vestido con harapos y durmiendo en esta plaza?
- Eso es. Yo no veo muy bien. Un famoso cirujano me ofreció devolverme la
vista si conseguía dos ojos sanos. Te compro los tuyos.
Él hombre retrocedió asustado. Quien le hablaba estaba loco o borracho.
- No creas que estoy borracho- le dijo como adivinando su pensamiento-. Te ofrezco un millón por tus dos ojos…
- Estás loco- le dijo el otro-. Vete de mi vista antes de que te dé un puntapié.
- Eso- dijo el comprador-, eso. También podría ofrecer un millón por tus
pies, los míos casi no me sostienen.
El hombre levantó el puño amenazante y gritó enfurecido:
- Si no te vas de aquí ahora mismo…
- Dos millones por tus manos- fue la única respuesta.
De pronto se dio cuenta de que el extraño viajero hablaba en serio. Lo supo cuando vio que de sus mangas anchas asomaban dos deformes muñones.
- Vete. Te lo pido por favor. No quiero venderte nada de todo lo que me pides.
- Eres muy afortunado. ¿Lo sabías?
El hombre hizo un silencio y luego dijo, casi para sí mismo:
- Acabo de enterarme…

Reflexión:
¿Y después? ¿Qué hacer cuando nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos cuando no podíamos ver lo afortunado que somos? ¿Ahora qué?
Ahora, dejaremos de lamentarnos por los errores cometidos, por todo lo que no sabíamos o no podíamos. Ahora, despacio, empezaremos a beber la vida a sorbos pequeños, para disfrutarlos más, y visualizar lo que nos espera si nos animamos a ir por ello.
Por eso, “todo el reino es para ti, sólo tienes que reclamarlo. Pero no puedes ni siquiera soñar con reclamarlo, si en tu oscuridad crees que nada vales, que eres un mendigo. El tesoro está ahí, seguirá en lo oscuro mientras no confíes en ti…”
Recuerda que  “el  ayer es un cheque anulado, el mañana sólo un pagaré. El único efectivo que usted tiene es el hoy". ¡No sería, entonces, una buena idea recibir cada día con alegría!.
Si una mañana se despierta sintiendo lástima de usted mismo, tome el periódico y vaya directo a la sección de necrológicas. Allí siempre podrá encontrar una lista de los nombres de muchas personas que estarían encantadas si pudieran cambiar de lugar con usted”.
Debemos agradecer este don inapreciable de vivir un nuevo día. Este día es la oportunidad de convertirnos en el hombre o en la mujer que cada uno sabe que puede ser. Tratar con ternura y afecto cada hora porque no retornará jamás. Eludir aquello que mata el tiempo. La indecisión la debemos vencer con acción. Hoy acariciaras a tus hijos mientras son niños aun, mañana se habrán ido, tú también. Hoy abrazaras a tu marido o a tu mujer y le besaras dulcemente, mañana ya no estará, y tu tampoco. Por eso, si es mi último día, será mi momento más grande. Este día haré el mejor de mi vida. Aprovecharé los minutos al máximo. Lo saborearé y daré gracias.
Y ahora que sabes que cada día es demasiado importante para desperdiciarlo, empieza a llenarlo de cosas buenas o útiles, o divertidas, o productivas, o vibrantes, o descansadas, o constructivas, o intensas, o nuevas, o trascendentes, o todo combinado. Y te aseguro que uno de estos días te darás cuenta, de una vez y para siempre, de que esas cosas no pueden darte alegría, ni placer, ni compañía, pero tienen la cualidad de evocar en tu interior tu capacidad de reír, de disfrutar, de ser feliz y de compartirlo.
Y no creas a aquellos que dicen que tú puedes lograr todo lo que te propongas. Pero créeme si te digo que puedes más cosas de las que crees que puedes. Por lo tanto, la única manera de saber dónde está el techo es corriendo el riesgo de darse de cabeza contra él. Pero no te inquietes. Alguien con la cabeza tan dura como nosotros no puede dañarse demasiado con ese golpe.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

jueves, 13 de enero de 2011

Frente a la adversidad

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las adversidades?

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"


Y hoy te lo pregunto yo a ti... ¿Cómo eres tú, mi querido amigo?
- ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
- ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
- ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen feas... ¡tú puedes reaccionar mejor!, si miramos en nuestro interior podemos encontrar algo nuevo, algo mejor, algo mágico que nos anime a levantarnos todos los días. No dejándonos vencer por las circunstancias y de esta manera hacer que las cosas a tu alrededor mejoren o puedan mejorar.
Encontrar una salida a los problemas es más fácil si empezamos por aceptar los hechos en vez de negarlos.
¿Cómo manejas la adversidad?
¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo...
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

martes, 4 de enero de 2011

La historia de Pepe

Desgraciadamente estamos en tiempos difíciles, por culpa sobre todo de la dichosa crisis que de una manera u otra nos esta afectando a todos, así que yo este año me conformo con ver vuestras caras más alegres y vuestras sonrisas más permanentes. Por pedir, os pediria esas cosas que no cuestan dinero pero que poseen mucho valor como es una palabra amable, un abrazo cordial y un beso cariñoso. A todos vosotros os deseo un Feliz 2011.

Para comenzar este nuevo año, me gustaría compartir el relato de Pepe, quizás algunos ya lo conozcan, para aquellos que no hayan oído hablar de esta historia, deciros  que:
Pepe, era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.
Había tenido varios destinos y varios de sus colaboradores le habían seguido en todos ellos. La razón de que le seguirán era por su actitud: era un motivador natural.
Si un empleado tenía un mal día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.
Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Pepe y le pregunté:
-          No lo entiendo, no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿cómo lo haces?
 Pepe respondió:
-          Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo: “Pepe, tienes dos opciones hoy: puedes estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor; escojo estar de buen humor”. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello, escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida, yo escojo señalarle el lado positivo de la vida.
-          Sí, claro, pero no es tan fácil, protesté.
-          Sí lo es, dijo Pepe. Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará a tú estado de ánimo, tú eliges estar de buen humor o del mal humor.
    EN RESUMEN, TÚ ELIGES COMO VIVIR LA VIDA.
Reflexione en lo que Pepe me dijo.
Poco tiempo después, por cuestiones de residencia, perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar o actuar contra ella.
Varios años más tarde, me enteré que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio, dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados.
Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon.
Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo.
Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió:
“Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”
Le pregunté que paso por su mente en el momento del asalto. Contestó:
-          Lo primero que vino a mí mente fue que debí haber cerrado la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir o podía elegir morir, elegí vivir.
-          ¿No sentiste miedo?, le pregunté.
Pepe continuó:
-          “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y, vi las expresiones en las caras de los médicos y las enfermeras, realmente me asuste. Podía leer en sus ojos: “el hombre muerto”. Supe entonces que debía tomar una decisión”.
-          ¿Qué hiciste? Pregunté.
Pepe me dijo:
-          “Bueno, uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algo, y respirando profundo grite: “sí a las balas”; mientras reían, les dije: “estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto”.

Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud, aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La actitud al final, lo es todo.
Al final la decisión de:
-          Cómo eres
-          Cómo te ves
-          Cómo te sientes
-          Cómo vives

¡ES TUYA!
Sólo se frustran aquellos, que dejan de ver la parte positiva de sus resultados y de la vida.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

domingo, 26 de diciembre de 2010

Luz para el camino

Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.
En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: - ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves...
Entonces, el ciego le responde:
Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz
para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí...
No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil...Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás... ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento...
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!
 "Si no sabes qué regalar a tus seres queridos en Navidad...regálales tu amor.
Tal vez el mejor adorno de Navidad sea una gran sonrisa".
"Que nunca te falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar a donde ir, y alguien a quien querer".
Estas frases son una cajita de paz llena de alegría, envuelta con cariño, sellada con una sonrisa y enviadas con un beso.
FELICES FIESTAS
Montse Parejo
Psico-Oncóloga