martes, 5 de marzo de 2013

El florero de porcelana

El Maestro y el guardián se dividían la administración de un monasterio zen. Cierto día, el guardián murió, y fue preciso sustituirlo.
El Maestro reunió a todos los discípulos para escoger quién tendría la honra de trabajar directamente a su lado.
- “Voy a presentarles un problema”, dijo el Maestro, “y aquél que lo resuelva primero, será el nuevo guardián del templo.”
Terminado su corto discurso, colocó un banquito en el centro de la sala. Encima estaba un florero de porcelana carísimo, con una rosa roja que lo decoraba.
- “Éste es el problema”, dijo el Maestro, “resuélvanlo.”
Los discípulos contemplaron perplejos el problema… miraban los diseños sofisticados y raros de la porcelana, la frescura y la elegancia de la flor. ¿Qué representaba aquello? ¿Qué hacer? ¿Cuál sería el enigma?
Pasó el tiempo sin que nadie atinase a hacer nada salvo contemplar el problema, hasta que uno de los discípulos se levantó, miró al maestro y a los alumnos, caminó resolutamente hasta el florero y lo tiró al suelo, destruyéndolo.
- “¡Al fin alguien que lo hizo!”, exclamó el Maestro, “empezaba a dudar de la formación que les hemos dado en todos estos años. Usted es el nuevo guardián.”
Al volver a su lugar el alumno, el Maestro explicó:
- “Yo fui bien claro: dije que ustedes estaban delante de un problema. No importa cuán bello y fascinante sea un problema, tiene que ser eliminado.”
- “Un problema es un problema; puede ser un florero de porcelana muy caro, un lindo amor que ya no tiene sentido, un camino que precisa ser abandonado, aunque insistimos en recorrerlo, porque nos trae comodidad.”
- “Sólo existe una manera de lidiar con un problema: atacándolo de frente.”
- “En estas horas, no se puede tener piedad, ni ser tentado por el lado fascinante que cualquier conflicto acarrea consigo.”
Paulo Coelho
Cuentos del Alquimista
Reflexión
Hay personas que pierden el equilibrio interno y su bienestar cuando se enfrentan a una situación que etiquetan como “problema”. Es como si una inmensa lápida cayera sobre sus cabezas y los aplastara inexorablemente. Y más si se sentencian: “Tengo un problema que no tiene solución”.
Pero lo que suele suceder es que se bloquean al confundir los hechos que han desencadenado un problema con el problema en sí. Las causas que originan un problema son hechos que no tienen solución. Pero el conflicto que genera sí la tiene.
Por ejemplo, cuando alguien de tu familia cae enfermo, solemos decir, “me ha surgido un problema familiar; mi hijo ha enfermado”, argumentas. Realmente, la enfermedad no es el problema, es un hecho al que hay que hacer frente; el problema es cómo afrontarlo en el ámbito emocional, laboral…..
Encontrar una salida a los problemas es más fácil si empezamos por aceptar los hechos en vez de negarlos.
No debes quedarte atrapado en intentar cambiar los hechos. Ante cualquier situación problemática, pregúntate: “¿Cuál es específicamente el problema? ¿Es realmente importante? ¿Qué estoy dispuesto a hacer para que todo sea armónico? ¿Qué estoy dispuesto a dejar de hacer para que todo esté en orden?
Las respuestas te darán la clave para desbloquearte y encontrar alternativas. Ciertas situaciones catalogadas como “graves problemas” son, objetivamente, insignificantes. Y recuerda: cualquier problema tiene solución. Si no la tiene, no es un problema, es un hecho consumado; éstos son parte de la vida y están ahí para ayudarnos a crecer.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga