martes, 2 de agosto de 2011

El miedo y la libertad

En una tierra en guerra, había un rey que causaba espanto: ya que a sus prisioneros, no los mataba… los llevaba a una sala donde había un grupo de arqueros en un lado y en otro, una inmensa puerta de hierro, sobre la cual se veían grabados figuras de cadáveres cubiertos de sangre.
En esta sala les hacía formar un círculo y les decía a cada uno que eligieran, entre morir a flechazos por sus arqueros o pasar por esa puerta… El rey les decía “detrás de esa puerta yo os estaré esperando”.
Todos elegían ser muertos por los arqueros. Pero un día al terminar la guerra, un soldado que durante mucho tiempo había servido al rey se dirigió a él para preguntarle:
- Señor ¿puedo hacerle una pregunta?
- Dime, soldado.
- Señor ¿Qué se esconde detrás de la puerta? El rey contestó… Ve y mira tu mismo.
El soldado, abrió temerosamente la puerta y a medida que lo hacía, los rayos de sol entraban y la luz invadió el ambiente, donde finalmente descubrió que, la puerta se abría sobre un camino que conducía hacia la LIBERTAD.
El soldado, embelesado, miró a su rey y éste le dijo.
Yo les daba la oportunidad de ELEGIR, pero todos preferían morir a arriesgar a abrir esta puerta.

Reflexión:
“¿Cuántos puertas dejamos de abrir por el miedo a arriesgar?, ¿Cuantas veces perdemos la libertad y morimos por dentro, solamente por sentir miedo de abrir la puerta de nuestros sueños?”
“Quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no vivir.”
Todos tenemos sueños, queremos resultados, buscamos oportunidades, pero no siempre estamos dispuestos a correr riesgos. No siempre estamos dispuestos a transitar caminos difíciles.
Una vez le preguntaron a Buda qué es lo que a él más le sorprendía de la humanidad y respondió:
“Los hombres, que pierden la salud para juntar el dinero y luego pierden el dinero para recuperar la salud y por pensar ansiosamente en el futuro, olvidan el presente de tal forma, que acaban por no vivir ni el presente, ni el futuro, viven como si nunca fuesen a morir y mueren como si nunca hubiesen vivido”.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga