lunes, 14 de marzo de 2011

El cangrejito volador

“Había una vez un cangrejito nuevo que estaba haciendo un hueco profundo en la tierra, cuando, sin más, vino una paloma torcaza a darle conversación.
-¡Bonito que te está quedando el pozo ese! –dijo la paloma-, y el cangrejo levantando los tarritos de sus ojos, la miró tranquilo y respondió: -No se trata de un pozo, estoy haciendo mi casa.
-¡Cómo!- exclamó asombrada la paloma -¿Ese oscuro agujero es tu casa?
- Pues.... sí, mi casa. -¿Cómo se entiende ese disparate muchacho? -¿Pero te parece poco llamarle casa a un agujero en la tierra? Escucha: si puedes vivir en la rama de un árbol ¿cómo vas a habitar en el fondo de un pozo oscuro?
- Señora –dijo dignamente el cangrejito-, ¿se olvida usted de que está hablando con un crustáceo? No soy una paloma, señora.
- ¿Pero eso qué importa si eres cangrejo con voluntad?
- “Un cangrejo con voluntad, se dijo el cangrejito- levantando directamente al cielo los tarritos de sus ojos. “¿Sería posible eso?”. Más, enseguida contuvo su entusiasmo.
- ¿Cómo vas a pasarte la vida bajo tierra?
- Pero... es que toda mi familia lo ha hecho siempre así....
- Ya me imagino a toda tu familia; es decir, por uno que empezó una vez, todos los demás han seguido haciendo lo mismo. ¿Y es que en tu familia no hay aspiraciones?
- Bueno, hay cangrejos... aspiraciones, que yo sepa, no.
- Bien –dijo la paloma- entonces tú vas a ser el primero de los tuyos que viva en un árbol. - ¡Cómo! ¿Yo vivir en un árbol? - Tú, el primero de todos.
- ¡Pero mire, señora Paloma, que mi abuelo me mandó esta mañana a que hiciera mi cueva, diciéndome que ya es hora de fabricarla como hacen los demás! - Pero, muchacho, contesta una cosa: ¿qué casa estas fabricando?
- La mía señora, ¿cuál otra? -Ninguna, porque... ¿cuándo tú has visto una casa sin puertas ni ventanas? - Bueno.... no, verdad que no la he visto. - ¿Entonces dónde vas a hacer allá abajo una ventana y qué fresco y qué luz van a entrar por ella? - Tiene razón.
- Y hasta suponiendo que hubiera una ventana sin fresco y sin luz, ¿qué pajarito se pondría a cantar en ella cuando llegue el verano?
- No, ninguno. - Entonces está claro; hazte una casa en el aire, muchacho.
- Pero... ¿en el aire? - Quiero decir en la rama de un árbol, de un pino, de un júcaro, en el polo del monte que más te guste. - ¡Un nido! - Eso, un nido fresco que lo meza el viento. De día cerca del Sol, de noche cerca de las estrellas. - ¡Ah! ¡Qué bueno sería! En el fondo, los cangrejos todos queremos llegar a las estrellas... Pero enseguida se entristeció:
- ¡Pero es que soy solamente un cangrejo! - ¡Déjese de historias! ¡Usted es lo que usted quiera ser! ¡Sea pues, un crustáceo con voluntad!
Y como si estuviera cansada de hablar, la paloma torcaza batió sus alas y salió volando por encima del joven cangrejo, quien con los tarritos de sus ojos la siguió mirando hasta que se perdió en el viento.
Mas, ya el cangrejito no podía seguir haciendo su cueva en la tierra. Así que aquella misma tarde, después de que se lavó las tenazas en el río fue directo a ver a su abuelo.
- Abuelo, quiero fabricar mi casa fuera de la tierra. - ¡Cómo! –exclamó el abuelo, cayéndosele la comida de la boca. - Sí. Voy a hacerlo si es posible en el copito de un caguairán. - ¡Hijo mío! –dijo entonces mirándolo muy preocupado-, tienes que tener cuidado con las hierbas que comes. A ver, ¿qué has comido, hijo mío?
- Algas, abuelo, pero hablé con la paloma torcaza...- ¿Con esa loca?
- Me ha dicho que es un disparate vivir bajo tierra como una lombriz. - Pero ten en cuenta que tú no eres más que un cangrejo, muchacho. - Un cangrejo que acaso un día pueda vivir cerca de las estrellas.
- Pero, ¿qué diablos de casa es esa? - Un nido, abuelo, un nido.
- ¿Nido? ¿Y dónde están tus alas, muchacho? - Pues, quién sabe con el tiempo si...-Más, esta vez el abuelo no lo dejó terminar.
- ¡Muchacho! –tronó, mientras tú seas cangrejo no hay ala que te salga ni pluma que te cuelgue. Cangrejo naciste y cangrejo terminas.
Pero el nieto estaba dispuesto a trabajar de todas maneras. Así que se fue solo al monte y escogió el caguairán que le pareció más alto y frondoso de todos.
Era un trabajo difícil el que se había propuesto. Tendría que subir y bajar el árbol cuantas veces fuera necesario para construir allá arriba su nido. Más, empezó sin miedo, echándose a las espaldas los palitos secos y las bolsas de resina y todo lo que necesitaba para su trabajo.
Subía y bajaba clavando sus patas espinadas en el tronco, y lo hizo tantas veces que formó un trillito de puntos en la corteza del caguairán. Y no sólo era el trabajo que se había propuesto y el peligro que corría sino las cosas que le decían los otros animalitos del suelo, los que no vuelan.
- ¡Loco, loco de remate! –decía la jicotera encaramada en su piedra del río-, ¡Y se revienta un día de estos! ¡Vivir para ver!
Pero él ni siquiera contestaba. Subía y bajaba lento, incansable, llevando su carga. A veces sucedía también que a mitad de camino, ya no podía más y rodaba la carga. Entonces, firme, sin ceder, bajaba hasta el suelo, cargaba de nuevo y tornaba a subir con los ojos fijos allá arriba, donde estaba creciendo su nido en la punta de la rama más alta.
Por su parte, el viejo abuelo estaba muy triste y acabó diciendo que tenía un nieto chiflado, el primero en la familia. Pero al fin, una mañana se corrió la voz por toda la isla. De todas las provincias vinieron pájaros a visitarlo y alabaron el nido del cangrejito, que era como un hermoso balcón al viento y la luz. Él dio las gracias a todos y les ofreció comida. Y en ese mismo día, al atardecer, fue que sintió sueño y se extrañó. ¿Acaso estaría enfermo? Jamás había sentido sueño al atardecer. Todo lo contrario, porque esa es la hora en que los cangrejos salen a pasear, la misma en que los pájaros se posan a dormir. Pero en fin, se quedó dormido. Y cayó la tarde y pasó la noche con sus estrellas, mientras él dormía sosegadamente sin darse cuenta de nada. Más al otro día, cuando el sol tibio de la mañana lo hizo despertar, sintió como si no cupiera en el nido. Levantó primero el tarrito de un ojo y después el tarrito del otro. Miró a la derecha y quedó mudo de asombro; miró a la izquierda y quedó mudo del mismo asombro; ¡Dos Alas! ¡Dos alas encendidas como las plumas del tocororo le salían de los costados! Le habían crecido durante la noche y eran más largas que sus tenazas. Entonces el cangrejito, no sabiendo si llorar o reír de alegría, levantó sus hermosas alas, las batió ruidosamente haciendo caer algunas hojas maduras del caguairán y se lanzó de frente al viento a volar para siempre.
Desde aquella mañana todo el mundo vivía asombrado, con las caras vueltas hacia arriba para ver el cangrejito volador atravesar el aire, y hasta el viejo abuelo solía decir orgulloso ahora:
¡Tengo un nieto plumoso, lindo como un tocororo y vuela como el viento!

REFLEXIÓN
Este cuento habla de cambios. De cambios profundos que soñamos con hacer en nuestras vidas pero que por hábitos, costumbres, críticas, temor y algunas otras circunstancias “non gratas”, no nos atrevemos a realizar. Preferimos acurrucamos dentro del caparazón de la seguridad y la aceptación aunque éste nos quede pequeño y sintamos que nos está asfixiando, antes que arriesgarnos a recorrer sendas que no conocemos pero que el corazón nos pide situarnos dentro de ellas. Sin embargo, a veces una vocecita grita muy fuerte dentro de nosotros una y otra vez, hasta que un día nos decidimos a escucharla a pesar de nuestra inseguridad y osamos iniciar un recorrido diferente al que nos han enseñado, porque deseamos empezar a construir el entorno que anhelamos para nosotros.
Así pues, nos ponemos a trabajar con tenacidad en el logro de nuestros sueños una y otra vez. Tropezamos, caemos, nos lastimamos, pero la voluntad nos hace volver a levantarnos, porque nuestros sueños siguen ahí, llamándonos persistentes a su encuentro, y de este modo un día... un día nos despertamos y nos encontramos inmersos en ellos, llenos de alegría y satisfechos al haberlos hecho realidad.
Montse Parejo
 Psico-Oncóloga

jueves, 3 de marzo de 2011

Resistiré

Hoy quiero compartir con ustedes las letras o estrofas de algunas  canciones que podrían ser el eslogan de cada uno de nosotros.
La canción “Resistiré” del Dúo Dinámico nos invita a reflexionar y a poder seguir adelante cuando se nos presenta la adversidad, la letra dice así:
“Cuando pierda todas las partidas, cuando duerma con la soledad, cuando se me cierren las salidas, y la noche no me deje en paz. Cuando sienta miedo del silencio, cuando cueste mantenerme en pie, cuando se revelen los recuerdos y me pongan contra la pared.
Resistiré erguido frente a todo, me volveré de hierro para endurecer la piel y aunque los vientos de la vida soplen fuerte, soy como el junco que se dobla pero siempre sigue en pie. Resistiré para seguir viviendo, soportaré los golpes y jamás me rendiré y aunque los sueños se me rompan en pedazos, resistiré…resistiré”.
Son pocas veces las que nos detenemos en escuchar atentamente las letras de las canciones y algunas son verdaderos manifiestos de vida, como es el caso de la letra de la canción “Voy a vivir” del Sueño de Morfeo”:
“Quiero vivir, quiero sentir. Saborear cada segundo, compartirlo y ser feliz. Hay tantas cosas que aprender, tanto nuevo por llegar. La vida siempre suma y sigue, lo que tienes es lo que das. Créeme, voy a vivir, cada segundo, mientras pueda estar aquí. Ya comprendí que mi destino, es elegir, no tengo miedo, he decidido ser feliz. Voy a vivir, mientras me quede un poco de aire, no voy a abandonar. No perderé ni un día más en lamentarme, o en sentarme a descansar, y cada paso, me permitirá avanzar, hacia el futuro, con confianza y libertad…”
Reflexión:
Una palabra dicha a tiempo puede ser un gran consuelo, el empujón necesario para actuar, un bálsamo para las heridas…..Las palabras son el vehículo de contacto de nuestra alma con la realidad.
Hay palabras sencillas, inmediatas, adecuadas, amables que son un regalo. Expresadas desde la espontaneidad, un “adiós”, un “gracias”, un “por favor”, un “te quiero” pueden iluminar un momento, y en según qué circunstancias, ser el recuerdo que da también sentido a una vida.
Son muchas las formas en las que la vida nos puede hacer parar y reflexionar, hay veces que al escuchar el eslogan de un anuncio, el cartel publicitario de algún producto, la letra de una canción, la lectura de algún relato, sin saber porque nos conmueve y nos hacen reaccionar. Hace algunos años hubo un eslogan que decía: “Vives para trabajar o trabajas para vivir”, algo tan simple, hizo que mi vida diese un giro inesperado. La vida en ocasiones nos pone aprueba, a veces  se trata de pruebas más o menos difíciles pero nunca olvides que:
Si piensas que estás vencido, lo estarás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás, ya has perdido, porque en el mundo encontrarás, que el éxito comienza con la voluntad del hombre.
Piensa en grande y tus hechos crecerán. Piensa en pequeño y quedarás atrás. Piensa que puedes y podrás. Todo está en el estado mental.
La batalla de la vida no siempre gana el hombre más fuerte, o el más ligero, porque tarde o temprano, el hombre que gana, es aquel que cree poder hacerlo”.
Rudyard Kipling

“Mientras deseemos lo que nos falta, está descartado que seamos felices. Porque el deseo es carencia y la carencia es sufrimiento”.    
                                                                              Blaise Pascal
Montse Parejo
Psico-Oncóloga