domingo, 23 de enero de 2011

Tener fe en uno mismo

Vivimos en un mundo extraño. Algunas cosas son las mismas de siempre, es verdad, pero otras han cambiado y son hoy muy diferentes.
Estoy convencida de que todo empieza cuando nos volvemos capaces de descubrir las cosas buenas que tenemos. Me dirás que con sólo eso no llegas a ningún lado. Y yo te diré que, sin eso, no empiezas ni a empezar. Ningún camino comienza si no se da el primer paso y, en este caso, es descubrir algo valioso en ti. Encontrar algo de lo que puedas presumir, aunque sea un poco, aunque sea entre amigos, aunque sea en voz baja al principio.
¿Qué me dices? ¿Qué no tienes nada bueno? ¿Qué no hay nada en ti que sea valioso?
Déjame que te cuente un cuento:
Un hombre lloraba sentado en el liso suelo de una plaza:
- No tengo nada. Estoy en la ruina. Soy el más pobre y desposeído de todo
el pueblo.
- ¿Te gustaría tener algo de dinero?- preguntó un desconocido al
escucharlo.
- ¿Lo ves? Hasta me ofreces limosna… ¡Qué terrible es mi situación!
- No te ofrezco limosna. Quiero comprarte algo- dijo el hombre.
- ¿No te das cuenta de que no tengo nada? ¿No lo entiendes? ¿No me ves
vestido con harapos y durmiendo en esta plaza?
- Eso es. Yo no veo muy bien. Un famoso cirujano me ofreció devolverme la
vista si conseguía dos ojos sanos. Te compro los tuyos.
Él hombre retrocedió asustado. Quien le hablaba estaba loco o borracho.
- No creas que estoy borracho- le dijo como adivinando su pensamiento-. Te ofrezco un millón por tus dos ojos…
- Estás loco- le dijo el otro-. Vete de mi vista antes de que te dé un puntapié.
- Eso- dijo el comprador-, eso. También podría ofrecer un millón por tus
pies, los míos casi no me sostienen.
El hombre levantó el puño amenazante y gritó enfurecido:
- Si no te vas de aquí ahora mismo…
- Dos millones por tus manos- fue la única respuesta.
De pronto se dio cuenta de que el extraño viajero hablaba en serio. Lo supo cuando vio que de sus mangas anchas asomaban dos deformes muñones.
- Vete. Te lo pido por favor. No quiero venderte nada de todo lo que me pides.
- Eres muy afortunado. ¿Lo sabías?
El hombre hizo un silencio y luego dijo, casi para sí mismo:
- Acabo de enterarme…

Reflexión:
¿Y después? ¿Qué hacer cuando nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos cuando no podíamos ver lo afortunado que somos? ¿Ahora qué?
Ahora, dejaremos de lamentarnos por los errores cometidos, por todo lo que no sabíamos o no podíamos. Ahora, despacio, empezaremos a beber la vida a sorbos pequeños, para disfrutarlos más, y visualizar lo que nos espera si nos animamos a ir por ello.
Por eso, “todo el reino es para ti, sólo tienes que reclamarlo. Pero no puedes ni siquiera soñar con reclamarlo, si en tu oscuridad crees que nada vales, que eres un mendigo. El tesoro está ahí, seguirá en lo oscuro mientras no confíes en ti…”
Recuerda que  el  ayer es un cheque anulado, el mañana sólo un pagaré. El único efectivo que usted tiene es el hoy". ¡No sería, entonces, una buena idea recibir cada día con alegría!.
Si una mañana se despierta sintiendo lástima de usted mismo, tome el periódico y vaya directo a la sección de necrológicas. Allí siempre podrá encontrar una lista de los nombres de muchas personas que estarían encantadas si pudieran cambiar de lugar con usted”.
Debemos agradecer este don inapreciable de vivir un nuevo día. Este día es la oportunidad de convertirnos en el hombre o en la mujer que cada uno sabe que puede ser. Tratar con ternura y afecto cada hora porque no retornará jamás. Eludir aquello que mata el tiempo. La indecisión la debemos vencer con acción. Hoy acariciaras a tus hijos mientras son niños aun, mañana se habrán ido, tú también. Hoy abrazaras a tu marido o a tu mujer y le besaras dulcemente, mañana ya no estará, y tu tampoco. Por eso, si es mi último día, será mi momento más grande. Este día haré el mejor de mi vida. Aprovecharé los minutos al máximo. Lo saborearé y daré gracias.
Y ahora que sabes que cada día es demasiado importante para desperdiciarlo, empieza a llenarlo de cosas buenas o útiles, o divertidas, o productivas, o vibrantes, o descansadas, o constructivas, o intensas, o nuevas, o trascendentes, o todo combinado. Y te aseguro que uno de estos días te darás cuenta, de una vez y para siempre, de que esas cosas no pueden darte alegría, ni placer, ni compañía, pero tienen la cualidad de evocar en tu interior tu capacidad de reír, de disfrutar, de ser feliz y de compartirlo.
Y no creas a aquellos que dicen que tú puedes lograr todo lo que te propongas. Pero créeme si te digo que puedes más cosas de las que crees que puedes. Por lo tanto, la única manera de saber dónde está el techo es corriendo el riesgo de darse de cabeza contra él. Pero no te inquietes. Alguien con la cabeza tan dura como nosotros no puede dañarse demasiado con ese golpe.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

jueves, 13 de enero de 2011

Frente a la adversidad

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las adversidades?

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: "Querida, ¿qué ves?". "Zanahorias, huevos y café", fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: "¿Qué significa esto, padre?". Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"


Y hoy te lo pregunto yo a ti... ¿Cómo eres tú, mi querido amigo?
- ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
- ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero... ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
- ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen feas... ¡tú puedes reaccionar mejor!, si miramos en nuestro interior podemos encontrar algo nuevo, algo mejor, algo mágico que nos anime a levantarnos todos los días. No dejándonos vencer por las circunstancias y de esta manera hacer que las cosas a tu alrededor mejoren o puedan mejorar.
Encontrar una salida a los problemas es más fácil si empezamos por aceptar los hechos en vez de negarlos.
¿Cómo manejas la adversidad?
¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo...
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

lunes, 3 de enero de 2011

La historia de Pepe

Desgraciadamente estamos en tiempos difíciles, por culpa sobre todo de la dichosa crisis que de una manera u otra nos esta afectando a todos, así que yo este año me conformo con ver vuestras caras más alegres y vuestras sonrisas más permanentes. Por pedir, os pediria esas cosas que no cuestan dinero pero que poseen mucho valor como es una palabra amable, un abrazo cordial y un beso cariñoso. A todos vosotros os deseo un Feliz 2011.

Para comenzar este nuevo año, me gustaría compartir el relato de Pepe, quizás algunos ya lo conozcan, para aquellos que no hayan oído hablar de esta historia, deciros  que:
Pepe, era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.
Había tenido varios destinos y varios de sus colaboradores le habían seguido en todos ellos. La razón de que le seguirán era por su actitud: era un motivador natural.
Si un empleado tenía un mal día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.
Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Pepe y le pregunté:
-          No lo entiendo, no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿cómo lo haces?
 Pepe respondió:
-          Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo: “Pepe, tienes dos opciones hoy: puedes estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor; escojo estar de buen humor”. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello, escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida, yo escojo señalarle el lado positivo de la vida.
-          Sí, claro, pero no es tan fácil, protesté.
-          Sí lo es, dijo Pepe. Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará a tú estado de ánimo, tú eliges estar de buen humor o del mal humor.
    EN RESUMEN, TÚ ELIGES COMO VIVIR LA VIDA.
Reflexione en lo que Pepe me dijo.
Poco tiempo después, por cuestiones de residencia, perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar o actuar contra ella.
Varios años más tarde, me enteré que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio, dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados.
Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon.
Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo.
Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió:
“Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”
Le pregunté que paso por su mente en el momento del asalto. Contestó:
-          Lo primero que vino a mí mente fue que debí haber cerrado la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir o podía elegir morir, elegí vivir.
-          ¿No sentiste miedo?, le pregunté.
Pepe continuó:
-          “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y, vi las expresiones en las caras de los médicos y las enfermeras, realmente me asuste. Podía leer en sus ojos: “el hombre muerto”. Supe entonces que debía tomar una decisión”.
-          ¿Qué hiciste? Pregunté.
Pepe me dijo:
-          “Bueno, uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algo, y respirando profundo grite: “sí a las balas”; mientras reían, les dije: “estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto”.

Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud, aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La actitud al final, lo es todo.
Al final la decisión de:
-          Cómo eres
-          Cómo te ves
-          Cómo te sientes
-          Cómo vives

¡ES TUYA!
Sólo se frustran aquellos, que dejan de ver la parte positiva de sus resultados y de la vida.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga